Por estos días, una interna sindical está poniendo en riesgo la marcha de una de las principales actividades productivas de la provincia, como es la citrícola. Una facción contraria a la conducción de Jesús Pellasio en la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre) aprovechó lo que evaluó como una instancia de debilidad que la actual dirigencia de la organización gremial parece haber demostrado en el último tramo de la negociación salarial, que acaba de concluir, para reclamar la cabeza del líder sindical. El final de este conflicto interno aún está abierto y las derivaciones de este caso pueden ser diversas y duraderas.

La interna -de vieja data- volvió a cobrar vida precisamente cuando se iniciaron las discusiones paritarias de este año. En aquel momento, Pellasio hizo público que Uatre exigía un incremento salarial del 30% por sobre el básico de los trabajadores de cosecha y empaque, que lo de $ 66 a $ 85,80, y el salario de $ 1.650 a $ 2.145. Pero a mediados de marzo, la Asociación Tucumana del Citrus (ATC) había propuesto una suba salarial de $ 6 no remunerativos entre ese mes y mayo sobre el jornal básico, que lo llevaría a $ 72, y otros $ 6 de junio en adelante. Luego, prosiguieron las negociaciones, con ciertos visos de intransigencia y de amenazas con suspender la campaña por parte de los paritarios de Uatre, hasta que se produjo un quiebre, un punto de inflexión: el 6 de abril, dos de los cuatro negociadores de Uatre firmaron con sus pares de la ATC una suba salarial que llevaba el básico de $ 66 a $ 82, una variación de un 24%, valor inferior al 30% que reclamaban los obreros. En esa oportunidad, Pellasio y el sindicalista Pedro Lobo se negaron a suscribir el acuerdo. Luego, continuaron insistiendo con el planteo original, pese a que la parte empresaria consideraba válido el fallido acuerdo. Así fue que en el encuentro final que las partes mantuvieron en el Ministerio de Trabajo de la Nación, en Buenos Aires, la ATC logró imponer su criterio, y los paritarios de Uatre aceptaron sellar la suba salarial del 24%. Según se comentó luego del encuentro, los funcionarios nacionales ejercieron una fuerte presión ante los gremialistas para que se cierre ahí mismo el acuerdo salarial.

A partir de ese momento, Pellasio se ufanó en explicar que lo importante había sido, en definitiva, los incrementos que se habían conseguido en el trabajo a destajo, el que se cobra por productividad. Sin embargo, de a poco comenzó a manifestarse cierto descontento de parte de las bases por el resultado obtenido -cargaban todas las culpas contra Pellasio y Lobo-, al punto de que los manifestantes salieron a exigir que se desconociera el acuerdo firmado, con el argumento de que todavía no había sido homologado. Ante esta alternativa, la dirigencia de la ATC salió rápidamente a expresar que no habría marcha atrás en la negociación. Esta postura sólo favoreció la propagación del descontento en el ámbito laboral de la citricultura, hasta el punto de que a fines de la semana pasada se registraron cortes de rutas en no menos de 15 lugares distintos de la provincia. No obstante, en el último día hábil de la semana que pasó la protesta se redujo a sólo un par de cortes de rutas (justamente, en el camino a los Valles Calchaquíes) y el fin de semana no hubo manifestaciones.

Es cierto que Pellasio había generado expectativas de lograr una suba salarial histórica para el sector, y por eso no será fácil calmar los ánimos de los trabajadores, y menos aplacar a quienes piden la cabeza del líder gremial. Pero habrá que razonar que una disputa sindical no puede poner en riesgo toda una actividad, en particular si negocia con mercados externos.